Poemas, Poesías

La voz del río de W. Pareja (Ecuador)

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La voz del río de W. Pareja (Ecuador) 1800

Al, monte, al valle y al río,
¿En dónde está el amor mío?
¿en dónde está?- pregunté.
Monte y valle enmudecieron,
y como no respondieron,
murmuro el río: -Yo sé!

La que te amó tanto, inerme,
sobre mis arenas duerme
debajo de aquel bambú;
mas ya es mía; en su despecho,
vino a acostarse a mi lecho,
cuando la olvidaste tú.

En ese bambú, parleros
le cuentan los clarineros
sus desventuras de amor;
y en la noche le hacen dúos
melancólicos, los búhos
de la luna al resplandor.

Por el viento desgreñada,
Pobrecita…! Una callada
noche, a mi orilla llegó;
me habló de ti, -pérfido hombre!-
¡y, sollozando tu nombre,
en mis olas se arrojó!

Por un milagro divino,
ya su cuerpo alabastrino
nunca se disgregará;
al arrullo de mis ondas,
y al amparo de estas frondas,
para siempre dormirá.

A los rayos de la luna
parece una ondina, una
ondina q? esparce luz;
con mis piedras le he formado
un cementerio: un cercado
una losa y una cruz.

Cuando Primavera brilla
en esta cálida orilla,
y comienza a florecer,
cae una y otra flor bella,
y, como todas son d? ella,
quizás las sientes caer.

¡De mi amor en el exceso,
noche y día yo la beso
y la cubro, sin cesar,
con mis espumas lucientes
y mis olas trasparentes,
más puras que las del mar!

¡Ven, si acaso, quieres verla;
pensarás q? es una perla
que se cuajó en mi cristal;
como el sol tanto fulgura,
sobre su blanca hermosura,
de espumas he puesto un chal!

Desconsolado, a la orilla
llegué; doblé la rodilla,
y en el claro fondo vi
su cuerpo al pie de una roca;
me sonreía su boca
como un doliente rubí.

Mas, ay! en un arrebato
de celos, el río ? ingrato
me dijo- ¡vete de aquí…!
a es mía! Duerme en mi lecho…
a ellas no tienes derecho…
¿No la abandonaste…? Di!

Y para aumentar mi pena,
la fue cubriendo de arena
aquel celoso hablador,
en tanto que murmuraba:
Te amaba mucho… te amaba;
pero ya es mío su amor…

Desde entonces ¡alma mía!
cuando va a morir el día
allí me voy a sentar,
y con hondo sentimiento,
lleno de remordimiento,
no hago más que sollozar!

Y cuando la noche llega
y con sus sombras la vega
inunda, empiezo a gritar
como un loco: «¡Río! ¡río,
devuélveme el amor mío,
que me canso de esperar…!».
Firma JF

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